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      La mezcla de tramas combina tres tonos literarios en la misma novela: uno actual, moderno, intimista y reflexivo, que acompaña a Eloísa; otro repleto de misterio y de intriga a partir de la muerte de su madre; y el tercero con tintes románticos y ciertos detalles costumbristas, que domina la historia ambientada en la primera mitad del siglo XIX.


   El relato posee dinamismo y un suspense que va en aumento hasta llegar a la inquietante resolución final. No está recargado de referencias históricas o de excesos descriptivos. La lectura es fluida, ágil y vivaz.


   La novela tiene pequeños detalles que se podrían sugerir dentro de una delicada metanarrativa. La expresión “pensamiento intruso” se utiliza como elemento reiterativo, con el uso de la elipsis y con la característica original de que la omisión es para el personaje y no para el lector, que asiste al flujo de pensamientos que se acumulan en la mente de Eloísa. Un “intruso” que proviene del inconsciente, responsable sin que ella lo sepa de su proceso reflexivo y de sus actos. También se incluyen algunas ilustraciones, “recetas de cocina emocionales” que la protagonista usa para gestionar sus carencias al respecto.


   Sobre la obra,  en la rueda de prensa previa a la gala, el jurado del Premio Planeta destacó su frescura y señaló que la calidad era “excelente”.

     Pero ¿cómo podía demostrar lo que valía, con el asfixiante marco al que debía ceñirse? Su expansión no era probable con aquella visión en túnel que compartían todos.
    La sangrienta turbulencia paró un instante, cuando una lágrima cayó de un solo ojo de Alona. Descarada, se atrevió a cruzar su mejilla y la barbilla. Era rabia. Justo en el momento en que aquella gota se precipitaba al vacío sonó la puerta. Era un sonido que retumbaba, como si con ello avisara de la llegada de lo anhelado...
—¿Quién es? — preguntó.
—Soy yo. — Era él.
Alona, con calma en sus movimientos pero no en su corazón, abrió la puerta.
—Vístete. Esta tarde te vienes conmigo.
                    

                                                                                                      Alona. Comiendo Sonrisas a Solas


  

                  



     Cabizbaja, no se había percatado de que alguien la observaba. Era su propio reflejo en el espejo. Se detuvo para observarse. Había crecido algo dentro de ella: la rabia, el orgullo, la ambición...; la habían cambiado.
  

     Se sentía encarcelada. Pero qué odiosa era aquella lentitud de su vida... Aborrecía a todo el mundo que parecía satisfecho con su ritmo, lento y aburrido. En parte le dolía... ¿Por qué ella no podía ser así?
  Quería estallar. Solo faltaba una chispa detonadora, se podía ver en sus pupilas. La explosión era inminente. ¡Dios! ¡Deseaba tanto que Moret la admirase!


 

  

                  



     Me atrevería a pensar que la curiosidad es una de las habilidades más útiles. 
 

   Es como un pescador, en apariencia pausado, engañosamente inofensivo, que lanza su caña de pescar. Y tú eres un pez, inmerso en el agua, que muerde el anzuelo. Ya no tienes ninguna oportunidad. Por más que luches, la curiosidad te enganchará con su arpón, pinchándote con fiereza, rasgandote; te arrastrará con brutalidad, te sacará del agua y te hará descubrir otro mundo por completo diferente.

                 
Eloísa. Comiendo sonrisas a Solas



  Fue entonces cuando Miguel se acercó a mi madre lloroso. La tomó de la mano y le habló con suavidad:
—Mamá...
  

   Entonces ocurrió.


  Mi madre abrió los ojos como si de un espasmo muscular se tratara. Levantó un brazo y señaló a mi hermano con el dedo índice. De manera brusca, acusadora, con el ceño fruncido, los músculos contraídos de manera anormal y la respiración agotada por el esfuerzo. Acto seguido, su cuerpo se desplomó sobre la cama.
           

                          

                              Comiendo sonrisas a Solas

                     

Reseña del editor:


  La madre de Eloísa muere inesperadamente, y en su breve agonía señala a su otro hijo con un dedo acusador. Días antes de fallecer, le pidió a Eloísa que leyera un antiguo manuscrito del que no se separaba: el diario de Alona, una mujer fuerte y decidida que se vio arrastrada por el misterio de un amor imposible. Sin buscarlo, Eloísa encontrará en Alona un referente que le ayudará a superar sus miedos, pero también a preguntarse qué conexión existe entre dicho manuscrito y la extraña muerte de su propia madre.

  Comiendo sonrisas a solas, el sorprendente debut de una autora que con solo veintiséis años quedó entre los diez finalistas del Premio Planeta 2014, mezcla dos tramas y un tono moderno e intimistacon otro repleto de intriga y romanticismo. El resultado es una novela ágil y llena de suspense que presenta a Tadea Lizarbe como una voz tan nueva y fresca como inesperada.

 

                                                                                                                                    Ediciones B

Tadea  Lizarbe